martes, 13 de octubre de 2015

Del primero de septiembre por el treinta y uno de agosto

Me crucé hace poco con un MARAVILLOSO ejercicio espiritual que le viene muy bien a este momento: Cuáles son mis 24 + 1 lecciones aprendidas en 24 años + un día.

1. Un aprendizaje es también una decisión.
2. Y no basta con tomar una decisión importante una sola vez. Para que sea transformadora hay que volver a tomarla, todos los días. 
3. Ah, y la pena no tiene por qué ser un indicador de malas decisiones.
4. Así como un ciclo no necesariamente va a ser circular. Ni el equilibrio una racionalización en partes iguales. 
5. Es que “qué”, “cómo” y “por qué”, funcionan mejor articulados que cuando nos calentamos la cabeza intentando dilucidar cuál es el más importante.
6. Además que hay misterios que probablemente no vayamos a resolver. 
Pero eso no quiere decir que no valga la pena aventurarse en ellos.
7. Las palabras importan: no es lo mismo que algo valga la pena a que valga la alegría.
Ni tampoco morir por algo que vivir por ello.
8. ¿Qué haría si supiera que estoy muriendo?
En realidad, todos estamos muriendo. Pero también podemos decir que estamos viviendo. 
9. Y a través de una misión, la vida eterna es un hecho. 
10. Ojo que todo es una potencial metáfora.
11. El contexto: importantísimo. Reconocer el contexto es casi sagrado. 
La cosa es que un lugar puede ser un espacio, un tiempo, un pensamiento, una emoción, una persona. 
12. No hay nada que pueda hacer una persona, que anule su dignidad.
13. Pero la indiferencia definitivamente la hace tambalear.
14. Y es que, el que no sea nuestra culpa no quiere decir que no sea nuestra responsabilidad. Todos somos imprescindibles.
15. No basta con no tener malas intenciones. También hay que tenerlas buenas. Ser cruel no está bien.
16. Todo es real.
En algún lugar, en alguna cultura, o en alguna imaginación.
17. Intención – arte – magia.
18. Así todo suena, incluso un río sin piedras.
19. Y dos personas pueden escuchar la misma música.
20. No olvidar: la literalidad mata.
21. Somos seres espirituales.
Lo que no quiere decir que la materialidad sea inválida.
22. Así como algo lindo, muy lindo, puede doler.
23. Y aunque hay ocasiones en las que solo duele: todo es importante, pero no todo es tan terrible.
24. Cuesta verlo a veces, es que no siempre nos damos cuenta del tremendo avance que significa detenerse un momento.
25. Y lo máximo que podemos hacer por el futuro, es ahora.
Lo máximo que podemos hacer ahora, es ser ahora.

martes, 15 de abril de 2014

Nos va a tocar soñar

Cada vez es "ahora más que nunca"
y cada ahora se siente más que siempre.

Porque ya no se trata
hace tiempo que ya no se trata
del tiempo
sino del momento.

No
no del momento.
Hace tiempo que ya no se trata del tiempo
sino de ti.

Y si tuviese que dejar todo de lado
lo hice ayer.

Porque ya no hay que esperar

Y es que el siempre se siente ahora
como nunca.

miércoles, 3 de abril de 2013

He dicho porque me lo han dicho cuando lo he sentido


Hay indignación, rabia y pena en el aire que respiramos y que utilizamos como sustento para nuestra vida.

Cada cosa que vemos, que pensamos, analizamos, cómo reaccionamos y qué decidimos, está todo contaminado por este aire; está todo fundado en sentimientos que no se condicen con el valor humano. Y no es que el humano tenga un "valor" cuantificable ni medible, es "valor" humano aludiendo al respeto de los unos con los otros reconociéndonos como iguales. Es un valor que no tiene precio.

¿Cómo puede ser que hagamos cosas por rabia o por odio?
- La pena se salva del juicio, porque podemos verla como una escasez de amor que se traduce en la angustia del alma, pero no puede ser que las almas de la humanidad estén condenadas a vivir en angustia sabiendo que amar es la única y exclusiva receta para la felicidad de cada uno con el resto. -

Y no es que sea nuestra culpa.

¿Cómo se supone que reaccionemos a partir del amor si respiramos rabia? Resulta difícil -pero no imposible- la idea de devolver amor luego de haber recibido odio.

Pero es nuestra culpa.

Porque hay algo aun más grave que comienza a acontecer luego del desvirtúo de estos sentimientos colectivos e individuales; el odio y la pena no se han ido y no irán nunca, pero el acostumbramiento a ellas invita a la fiesta a la indiferencia.

Letal.

La indiferencia es el mejor método de autogenocidio de las personas.
Si hubiésemos sido indiferentes frente a lo que nos rodea desde nuestros inicios, no conoceríamos ni el fuego. Cómo inventar la rueda si nos da lo mismo no poder movernos, para qué aprender cosas nuevas si puede ser que esté bien así como estoy, por qué usar un abrigo cuando hace frío... Para qué, cómo y por qué amar al otro si no lo conozco.

La indiferencia mata lo humano de las personas, o lo personal de los humanos, o la esencia de quienes somos.

Si tuviésemos una agrupación de "personas" completa y totalmente indiferente por lo que acontece a su alrededor no sería muy distinto de estar frente a un puñado de arena. O para no ser tan drásticos podría homologarse a un conjunto de máquinas, que trabaja, que cumple los objetivos que alguien más le ha impuesto pero que no razonan frente a lo que está pasando ni se preocupan por la propia evolución.

Ese sí que es el cáncer de la sociedad actual: la indiferencia.

Se inicia individualmente: egoísmo. Es el desinterés por lo demás consecuencia del excesivo y exclusivo interés por el sí mismo.

Y, sinceramente, es ridículo.

Cómo puede ser que tantas personas estén más interesadas en sí mismas que en los demás, poniendo sus intereses antes que el otro y velando por la felicidad personal antes que la global siendo que es imposible lograr esto si, en realidad, no seríamos nada si no estuviésemos en sociedad.

Es muy cierto que el objetivo no es el fin, sino el camino. Pero eso no quita que debamos tener un fin claro, puesto que esa es la única manera de encauzar nuestro camino que, a fin de cuentas, nos irá definiendo en cada acción, conducta y reacción.

Entonces, pareciera que estamos deambulando por un camino en donde reina el egoísmo y la indiferencia y está encaminado a algo que no cabe dentro de la lógica de la convivencia humana. En otras palabras; estamos conduciéndonos hacia la nada, hacia un acantilado de desolación. Y, ojo, que el tiempo sea infinito no quiere decir que el nuestro lo sea. Podrán ser muchas las generaciones que caminen por este sendero, y podrá tener una longitud casi inmensurable, pero sigue siendo caduco; llegará el momento en el que este camino se sature y llegue a su fin. Junto con el nuestro, invitados a habitar en el vacío.

Y he allí la precisión.
La raza humana no va a dejar de existir por quizás cuántos años más, pero las características humanas y únicamente humanas, nuestra esencia, nuestra capacidad de crear emociones, estados, reacciones, conductas y adaptaciones es lo que terminará por desaparecer.

Todo gracias a la indiferencia.
Lo humano de los humanos, desaparecerá. ¿Qué quedará? Supervivencia, egoísmo, perfeccionamiento mal encauzado, soledad, acompañamientos reducidos a la necesidad básica, individualidad por sobre todas las cosas y un norte que no es un norte.
Qué pena que quizás llegue el día en el que a nadie le dé pena.

Existe un principio que rige la vida comunitaria y en sociedad, y es el del espíritu fraterno, frente al que se cometen incontables delitos momento a momento, cada vez que caemos en intentar crear leyes que deshumanicen a las personas con las que debiésemos tratar en lugar de aislarlos y que le quitan la naturaleza esencial al sistema en que hemos llegado a vivir.

Y es que no debemos seguir una norma para poder vivir, la norma existe gracias a que nosotros vivimos.
El día en que nuestros dos ojos basten para mirar a los ojos de todos y nuestro único corazón reconozca que es capaz de amar a cada una de las personas, será el día en que ya no sabremos qué hacer, porque pareciera que nos gusta vivir ahogados en complicaciones.

lunes, 8 de octubre de 2012

¿Préstame fuego?

Estamos en llamas.
Ardiendo 
de tanto sentir.

Y si no hacemos caso al fuego que nos abraza
puede que termine por morir.

Si no prestamos fuego a quien lo necesita
puede que aquel se apague.

Y, dime
¿dónde más tu fuego crece al usarlo
al desgastarlo
al compartirlo?

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domingo, 7 de octubre de 2012

Una historia de amor

Queremos seguridad.
Y el tiempo que transcurre entre haber hecho algo al respecto luego de haber descubierto lo que queremos y el saber si esto podrá ser o no, son segundos, días, momentos que nos aprietan el corazón. Porque da miedo, porque a nadie le gusta sentirse vulnerable, y eso es precisamente lo que la espera logra con nosotros, lo que lucha contra el impulso de arriesgarse y que puede llegar a triunfar logrando que hayan cosas que no se realicen, que no realicemos.
Y da mucho miedo amar, porque es un riesgo enamorarse. 
Porque no hay promesas que puedan ser infalibles, porque de lo único que podemos valernos es de la confianza que depositemos en otra persona puesto que nos nace hacerlo gracias al intercambio que se da; en el tiempo y en profundidad.

Y eso ocurre con una persona.

¿Y si pudiésemos amar a más personas? A muchas personas. ¿Y si pudiésemos amar a un millón de personas al enamorarnos de una misión?
De inmediato estamos multiplicando el riesgo por un millón, el miedo por un millón. Y el amor por un millón.

¿Y si pudiésemos amar a infinitas personas?

Es un tremendo riesgo, sin embargo, ¿cómo perder con infinito amor de por medio?
Y es de ese amor que quizás te tenga en la espera durante toda la vida.
Pero hay confianza, hay firmeza, hay compromiso, hay pasión.

Y la vulnerabilidad nunca se había sentido tan bien.


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martes, 2 de octubre de 2012

¿Y si a nadie nunca le hubiese importado?



Nadie sale de su casa y no le importa.
Nadie mueve sus pies, balancea sus manos, camina, divaga… pero no pasea, porque eso requiere de una cuota de goce. Y nadie no goza.
Porque pasa algo: nadie no entiende. ¿Cómo es que no entiende, si cree, en ocasiones, que es el racional por excelencia que anda por los caminos que se interponen a él? Porque a nadie se le pueden explicar muchas cosas, usando la lógica más perfecta que debiese llegar al entendimiento inmediato, pero si no vive, nadie no entiende. Y nadie no vive.
Nadie camina; sus pies pasan por distintos caminos, sus ojos están abiertos frente a los cuadros que se cruzan frente a él, su boca recibe los sabores que le ofrecen los platos que alguien le dijo son los que más le gustan, sus manos se agarran no para no caer, sino que porque saben, muy en el fondo, que deben aferrarse a algo, y a sus oídos llegan los sonidos de los escenarios de los que no es protagonista.
Quizás nadie cree que vive, ¿sabe? que vive, pero nadie no siente. Porque no le importa.
Hasta que nadie se cae, hasta que nadie queda tirado en el suelo sin poder levantarse, porque sus pies no saben encontrar la estabilidad en un camino desconocido, porque sus ojos se encandilan frente a las imágenes que quizás siempre estuvieron allí, sus labios no saben articular palabras que lleguen al oído de otro nadie que esté pasando por ahí, sus manos no se complementan con las cosas que tiene a su alcance para tomar el impulso que le ayude a pararse, y los oídos de nadie no escuchan a nadie.

Hasta que llega alguien que levanta a nadie.
Y a nadie le importa.



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lunes, 9 de julio de 2012

Tan helao que estái, Juan

- JUAAAAAAN
- ¡¿Qué pasa?!
- Pucha que está helao, Juan.
- Hace rato ya po.
- Tengo frío.
- Acostúmbrate.
- Helao y pesao; me saqué la lotería contigo.
- No eres la primera que me lo dice.
- Pero supongo que ahora soy la única.
- Claro, digamos que sí.
- ¿Cómo es eso?
- Buenas noches, Elda.
- Buenas noches... ¿Juan?
- ¿Qué pasa?
- Te quiero, Juan.
- ¿Y la Candelita?
- Se quedó dormida hace rato ya.
- Ah... Buenas noches.
- A ver, ven. Abrázame.
- Ay, tan helao que estái, Juan.
- Ya me acostumbré.

Y dicen que, a veces -y una sola vez-, la noche acaba robándoles todo el calor.


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lunes, 28 de mayo de 2012

Y no es que el frío sea la nueva moda

Bajo la escalera, recojo una revista, la hojeo, me aburro, la dejo en la mesa.
Voy a la cocina, saco un pan, no me gusta, lo boto.
Agarro el diario, leo las cartas al director, que es una de las pocas cosas que me interesan, leo un par, no hay nadie hablando acerca de los clásicos temas tabúes, qué fome. Intento con "Artes y Letras", siempre hay algo interesante que le ayude a uno a forjar una cultura ridículamente ilusoria. Nada que acapare mi atención por muchos minutos. La parte de espectáculos puede tener algo que alimente ese morbo/placer culpable/ que todos llevamos dentro.
"Karol Dance: la transición de pokemón a peloláis". A la basura.
Vuelvo a la cocina, me sirvo un vaso ridículamente grande de agua con gas -me encanta el agua con gas- y me como una aceituna.
Mi mamá está sacando la basura.
Subo a mi pieza, prendo el computador, me meto a Facebook y comienzo a actualizarme en cuanto a la vida personal de mis amigos, de mis no tan amigos, del niño que me gusta y de la canina que se lo jotea.
Mientras tanto, afuera pasa el -quizás no tan silencioso pero sí ignorado- camión de la basura, a cargo de gente que se dedica a recoger nuestra mierda.
Cuando tengo que estudiar, Facebook es lo más entretenido de este planeta, pero cuando no... se vuelve increíblemente aburrido en muy poco rato.
Intento con Twitter, ahí sí que se pueden encontrar cosas choras y, en ocasiones, con cuotas altísimas de ingenio.
"Vale Roth", "Harry Potter", "Piñera ctm", "Mundos Opuestos", "Fútbol", "Fútbol", "Fútbol". Bueno, algo es algo.
Mi pieza es tan grande que es muy difícil calentarla, incluso prendiendo la estufa que hace harto tiempo ya que puse, porque soy un poco friolenta. Prendo el scaldasonno porque me comen las ganas de pensar en meterme en mi cama calentita que va a estar esperándome.
Tengo tanto sueño que voy a dejar mi mochila lista para mañana, igual que como hacía en básica, para poder acostarme rápido, dormir suficiente y mañana salir tranquila.
Hay mucho viento hoy día, afuera vuelan hojas, muchas hojas. Vuelan hojas de árboles, de plantas, de cuadernos y de diarios que lograron escapar de un camión que intentaba llevárselos quién sabe a dónde.
Obvio, OBVIO que se me olvidan mil quinientas cosas por hacer justo cuando empiezo a prepararme para dormir, cuando mi cama ya alcanzó la temperatura ideal y cuando me empieza a bajar todo el sueño.
Me pongo a contestar mails, escribir un par de tonteras, anotar cosas que no se me pueden olvidar y dejo cosas de hoy para hacer mañana; mañana hay más tiempo.
Qué gran poder que tiene el viento.
Finalmente, a la cama. Nada mejor que la sensación de por fin poder cerrar los ojos para dormir tranquilamente, aunque exista la conciencia de que más rato va a sonar el despertador para ir a la ducha, no importa, por ahora puedo dormir.
Desde hace mucho tiempo que tengo problemas para dormir, aunque esté muy cansada me demoro un buen rato en lograr conciliar el sueño. En fin, luego de un rato, lo logro. Supongo, porque uno nunca se acuerda del momento en el que los ojos están y permanecen cerrados por defecto y no por deseo.
Quizás a cuánta gente le cueste igual que a mí quedarse dormida, sobre todo con este viento.
Afuera llueve.
Odio, por sobre muchísimas cosas, despertarme temprano. Pero no hay nada que hacerle, a la ducha. No sin antes dejar prendida la estufa de mi pieza y poner el calefactor en el baño para cuando salga mojada, terrible esa sensación.
Me visto muy muy rápido porque ya debería estar en el metro.
Cambiaron la hora, ya no está tan oscuro tan temprano en la mañana.
Yo tengo una ventana en el techo de mi pieza, arriba de mi cama. Siempre me llega la luz de afuera.
Afuera hace muchísimo frío, pero nada que el café que me espera en el termo que está en mi mochila sumado a un cigarro no puedan arreglar.
Voy atrasada, por supuesto.
Nunca hago ejercicio, por lo mismo, correr para alcanzar el metro y la micro me dejan muerta.
Voy corriendo, porque lógicamente la micro está en el paradero y yo no estoy ahí, y veo a mis pies la misma noticia ridícula de ayer, o eso creo. Solo alcanzo a leer "Karol Dance: la..." el resto está tapado por la mano que intenta cobijarse con una hoja de diario.


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lunes, 14 de mayo de 2012

Y uno es lo que come, ¿o no?

No sé si es una mirada
o un millar de miradas
que deambula de manera inapropiada por tu cuerpo.
Ese que está ahí
y el que está injusta y cariñosamente en mi imaginación.
Y cada pestañeo sirve para intensificar las constantes
e inestables
imágenes e imaginaciones.

Llega a ser muy hiriente
la silueta de tu atención que juega con la mía
a que le interesa
y a las escondidas.

Habito en un ambiente de seguridad fundado en algo que no tiene nada de verdad.

Un paseo de asimetrías tan perfectamente complementarias
que no tienen tiempo suficiente para existir.
Me abanica el atrevimiento de las promesas de tus ojos
que peligran perderse a mitad de camino.

Y te respondo
una mirada indómita que te acosa.

Como si quisiera comérselo.
Como si quisiera comerte el corazón.


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lunes, 30 de abril de 2012

Y es que a nadie le gusta una puerta que no deja de chirriar

Hay muchos demasiados tardes en los tiempos presentes que tienen más ideas para el pasado
que para el ahora.
O el después.

Ideas brillantes, sutiles, detalladas,
perfectas.
"¿Cómo no se me ocurrió antes?"

Ahora no sirven de mucho.
Sirven para nada.

Y nada está muy agradecida, es un peldaño más que se construye para alcanzar su meta.
Su perfección.

A ella le sirve tener un pasado perfecto que en realidad es imaginario
Viviendo un presente pendiente de lo que no está pasando
Y proyectando vivencias hacia atrás.

Pero, ¿a mí?




miércoles, 25 de abril de 2012

No te confundas

La idea
la mía
Es que pienses lo que yo quiero que pienses cuando te digo que te pienso.
Lo que yo necesito.

Una armonía perfecta, pero que debe nacer natural y personalmente
para satisfacer la naturaleza y personalidad de solo uno de nosotros.

Es mi orgullo que, azucaradamente, busca intimar con lo que en realidad no me dices.
Que no ha terminado de quererte.



domingo, 22 de abril de 2012

O quizás es que yo todavía no lo encuentro

Alguna vez escuché que el paso del tiempo es la mejor manera de superar las penas.
En realidad, lo escuché más de una vez.
De hecho, me lo he dicho a mí misma.
E incluso he llegado a comprobarlo empíricamente.

Claro, el tiempo provoca un olvido aletargado.

Sin embargo, no hay dolor más intenso que el de la lucha de las lágrimas que llevan tiempo esperando salir y que el cuerpo, gracias al paso del tiempo, no quiere liberar.

El remedio del tiempo se dedica a gestar sentimientos sin avisarnos, hasta que el cuerpo mismo se da cuenta de su existencia y no encuentra la manera de alivianarse.

Y para esas represas
no hay remedio.



Y me gusta la felicidad

Espérame cinco minutos
que mi corazón nunca se había sentido así
y necesita acostumbrarse.

Espérame porque la plenitud me deja petrificada
y debo recuperarme.

Necesito pensar nada más
y acordarme de no pensar tanto.

Espérame
dame tiempo para disfrutar de tu recuerdo en mi imaginación
antes de que llegues realmente a agitarlo todo.

Me encanta pensar en ti.

Hazme un regalo.
Dame tiempo para procesar, para entender.

Espérame cinco minutos
en los que te pueda tener todo para mí sin tenerte realmente.
Cinco minutos ahora para poder tenerte en carne y hueso el resto de los minutos que vengan.

Necesito ese poco de tiempo para regocijarme en esto
que me está matando de novedad
y que me está deshaciendo de placer.

Espérame cinco minutos
que no estoy acostumbrada a esta felicidad.


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miércoles, 1 de febrero de 2012

Cómo hago yo para creerte

Ya no necesito que me creas
Porque, sinceramente, no sé si a estas alturas queda algo de lo que pensaba.
¿Todo lo que te dije?
Ya no sé dónde está.

Lo más probable es que no se haya ido,
de hecho,
estoy convencida de que simplemente está escondido.
Sin embargo, quizás lo mejor sería que se perdiera
que se escondiera tan bien
que desapareciera.

Hay un impulso involuntario
que lo busca y lo busca
y que intenta aferrarse.
Porque,
muy sabio este impulso,
sabe que todo lo dicho fue de verdad.

Otro acto inconsciente que quiere seguir creyendo lo mejor
pero
¿Cómo?
Una barrera, que no quiere dejar entrar las malas imágenes tuyas
por más claras que sean.

El dolor
es horroroso.
Es avasallador, punzante, constante y desgarrador.
Es desconocido.
El dolor de darse cuenta de que
nunca fue.
O que yo fui
pero en realidad tú no.


¿Que cómo quiero que me creas?
Y tú, ¿cómo quieres que yo te crea?

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lunes, 30 de enero de 2012

Si está todo tan claro
y si no hay nada que hacer
no entiendo por qué esto no desaparece.

Tiempo.
Pero no tiempo de aquí en adelante,
no.
Necesito el tiempo de los mañanas ahora.
Que pase rápido, lo más rápido posible.


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sábado, 14 de enero de 2012

Y también para encantar un poquito

Resulta curioso,
y en muchas ocasiones desfavorable,
que, aunque tengamos todo el lenguaje a nuestra disposición,
a veces
(o que sean tantas las veces)
que nos cuesta tanto llevar algo a las palabras.

La dificultad de ponerle nombre a un sentimiento
o de llamar de tal manera un afecto,
sin embargo,
puede resultar más lindo aun.
Más puro
y más de verdad.

Pero si no hay convencimiento de por medio
no sé adónde va a parar eso tan lindo
y tan de verdad.
Se me pierde.

Y no sé si quedarme persiguiendo eso que se arranca
o intentar conformarme con un montón de cosas que no puedo definir
que no sé qué significan
y que parece que están aquí para confundir.


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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Vale por nada

En su mayoría, los cambios a nivel global y generalizado se pueden apreciar, más que nada, mirando hacia atrás y contemplando un período de tiempo amplio.
Claro, la gente se desarrolla de distintas maneras, los tiempos cambian y eso se traduce en un cambio en la mentalidad, conducta y actuar de las personas.
Sin embargo, sin abarcar demasiado tiempo (entiéndase "demasiado" como más de lo que yo llevo en este mundo, que son solo 20 años), es extremadamente obvia la desconfianza, negatividad y resignación progresiva que se va generando.

No es necesario siquiera que pasen un par de generaciones para poder detectar la intensificación de las sensaciones de este tipo dentro de la conciencia global.

Antes, cuando una publicidad decía que existía la posibilidad de que dentro de sus productos encontraras un "vale otro", lo creías, y cada vez que abrías ese paquete de papas fritas cruzabas los dedos, con una pequeña cuota de ansiedad y una innegable esperanza confiando en que, quizás, iba a aparecer ese papelito entremedio de toda esa masa de fritanga que dijera que podías cobrar otro paquete completamente gratis.

Luego, los vale otro no dejaron de aparecer, pero ya no podías cobrarlos en cualquier lugar, el quiosco de la esquina se convirtió en nada más que un local de emergencia al que acudir al momento de no tener otras opciones.
Si querías tu otro paquete de papas fritas, que habías ganado honradamente, debías ir a algún supermercado, o ni siquiera, a algún lugar certificado que estuviera autorizado (por no sé quién) a entregarte las benditas calorías envasadas.

No bastó mucho tiempo para que estas promociones simplemente desaparecieran, cuando salía a relucir en alguna conversación el concepto de "vale otro" siempre lo hacía acompañado de un sentimiento de nostalgia, llevando un poco la mente hacia el pasado, cuando estabas sentado en la playa, con el calzón del traje de baño lleno de arena, las manos pegoteadas y el palito del helado que tenía grabado iluminándote "vale otro".

Ahora, si aparece una publicidad de este tipo no hay nada más que resignación. No hay nadie que, efectivamente, espere encontrarse con su ticket hacia el placer gratuito cuando compra ese paquete de papas fritas que intenta engañarlo diciendo que, tal vez, puedas tener otro sin pagar nada. Y si, por alguna intervención divina, llegases a encontrarlo, también tienes muy claro que no será nada fácil encontrar dónde cobrarlo, por lo que el destino inminente de ese apreciado recuerdo del pasado que ya no encaja con tu vida, es el basurero, junto con todas las cosas que no valen paquetes de papas fritas gratis.

Nos han quitado la esperanza, la fe y la emoción en la vida.
Y todo es culpa de la paulatina desaparición y restricción de los vale otro.


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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Es sólo una denuncia, no exijo nada de vuelta

Quisiera denunciar un robo múltiple.
Un inesperado robo de mi completa atención, mi capacidad de concentración, mi autocontrol de pensamientos y mi fábrica de sentimientos.



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Esta es esa última

Hay veces,
muchas veces,
muchísimas veces,
en las que la concentración es imposible.
Algunas de esas veces es porque existen demasiadas cosas por las que preocuparse
e intenar priorizar
o elegir
u ordenar
es pedir demasiado.

Y otras veces prima otro distractor.
Otras veces,
independiente de la cantidad de cosas que necesitan concentración,
existe una sola que se la roba toda.
Inevitable
inconsciente
incontrolable
y avasalladoramente.

Esa es esta vez.


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Ni con la vida misma

Tengo una exquisita selección de canciones
que me consume
justo al momento de poner play.
Y resulta que terminé por darme cuenta
de que todas
y cada una de ellas
tienen un momento
intermedio
- pero más cercano al final que al principio en la mayoría de los casos -
que me hace sentir como la culminación de todo.
Y con todo me refiero a
todo.
Es impagable.


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